La pena máxima: ¿Por qué debe estar este libro en tu biblioteca?
Hablar de la segunda mitad del siglo XX en América Latina implica mencionar a los gobiernos dictatoriales que, en el contexto de la Guerra Fría y amparados por la política estadounidense, buscaron combatir el avance del comunismo en la región del Cono Sur. Pese a sus particularidades, estos regímenes compartieron algunas características, entre ellas el acceso al poder mediante golpes de estado propiciados por militares para derrocar a los gobiernos democráticos anteriores. Sin embargo, entre ellos, se distingue el caso de una dictadura que, en un principio, no adoptó el modelo liberal y sumiso al imperialismo norteamericano, sino que se enmarcó dentro de lo que se denominó como un gobierno militar nacionalista.
Este es el caso de la dictadura peruana que inició en 1968 con el golpe propiciado por el general Juan Velasco Alvarado, que dio lugar a la primera fase de lo que en Perú se denominó como Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. En esta primera fase, el gobierno de Alvarado asumió un carácter nacionalista y humanista que llevó a cabo una serie de reformas que produjeron importantes cambios en el desarrollo social y económico de ese momento. Entre las reformas realizadas se encontraban la reforma agraria, la educativa y la nacionalización y expropiación de recursos naturales como el petróleo y las minas de acero, entre otros. No obstante, estas reformas no eran inocentes, sino que con ellas se buscaba frenar a los movimientos populares y campesinos que de a poco se habían empezado a organizar. Por lo que es posible comprender a esta fase a partir de una máxima y de un fragmento de un discurso del propio Alvarado, los cuales rezan: “Hacer la revolución desde arriba para que no la hagan los de abajo” y “Quienes gobernamos Perú no somos marxistas pero estamos liderando una revolución”.
No hay que olvidar, sin embargo, que pese a las reformas realizadas, el gobierno seguía constituyéndose como un gobierno de facto. Esto se observa, entre otros aspectos, en el control de los medios de comunicación, que pasaron a estar bajo el comando del Estado, y en la utilización de dichos medios para gestar un gran movimiento de propaganda conocido como pop-achorado.
La fase de Alvarado terminaría debido a las dificultades económicas que atravesaba el país. En 1975 sucede el Tacnazo, el golpe militar propiciado por Francisco Morales Bermúdez, entonces primer ministro del gobierno de Alvarado. Se daría paso así a la segunda fase del gobierno militar, que adoptaría un carácter más conservador y revertiría algunas de las reformas realizadas por Alvarado. Durante esta etapa, además, Perú se incorporaría en 1978 al Plan Cóndor, la red de coordinación represiva entre las dictaduras latinoamericanas.
Este breve panorama histórico sobre la dictadura peruana no es arbitrario, sino que resulta necesario para comprender el contexto en el que se desarrolla el thriller La pena máxima del escritor peruano Santiago Roncagliolo. Publicada en 2014, la novela tiene como protagonista a Felix Chacaltana, un abogado que trabaja en el Palacio de Justicia durante la época de la dictadura de Bermúdez. Chacaltana, casi sin querer, se verá involucrado en la investigación del asesinato de su amigo Joaquín, un profesor universitario del que irá descubriendo que no todo es lo que parece.
La historia transcurre en Lima en 1978, durante el Mundial de Fútbol que tuvo sede en Argentina. Este acontecimiento deportivo adquiere un papel importante en el desarrollo de la trama, debido a que uno de los procedimientos más logrados de la novela es, precisamente, la relación que se establece entre la historia de Felix y los partidos que juega la selección peruana. De hecho, la división de capítulos lleva como título las selecciones a las que Perú se enfrenta. De esta forma, el fútbol aparece como un elemento que, en realidad, dice mucho más de lo que parece a simple vista: mientras gran parte de la sociedad se encuentra concentrada frente al televisor, otros acontecimientos vinculados con la violencia política ocurren en el país. Como dijo en la Antigüedad el poeta romano Juvenal: pan y circo.
Dentro de la literatura contemporánea, las escrituras de postdictadura son ampliamente reconocidas. Autores como Martín Kohan, Alejandro Zambra o Leila Guerriero, construyen en sus obras voces y narradores que durante la dictadura formaron parte de la oposición o que fueron militantes de izquierda. Sin embargo, en este sentido, se observa lo innovador de la propuesta de Roncagliolo, ya que realiza un procedimiento opuesto. La pena máxima presenta a un protagonista que, lejos de ubicarse inicialmente en una posición de oposición al régimen, mantiene una relación de respeto y obediencia hacia las instituciones militares. Felix Chacaltana es un personaje que rinde pleitesía al sistema, se atiene obsesivamente a las leyes y demuestra un profundo nacionalismo y respeto por las figuras militares. A medida que avanza la historia, sin embargo, su relación con aquello que considera el orden comenzará a transformarse.
La construcción de Chacaltana permite, de este modo, mostrar cómo una persona puede encontrarse inmersa en un sistema autoritario sin percibir inicialmente los mecanismos violentos que lo sostienen. Su evolución resulta significativa porque el protagonista no parte de una posición de cuestionamiento, sino que debe atravesar una serie de experiencias que modificaran progresivamente su manera de comprender la realidad. Así, la novela no solo representa la violencia ejercida por el Estado a través del terrorismo, sino también los mecanismos mediante los cuales una sociedad puede naturalizar determiandas prácticas y discursos dentro de un contexto autoritario. Así, al presentar a Chacaltana como protagonista, el autor logra acercarse probablemente a la forma de pensar que tenía el grueso de la sociedad peruana de ese entonces. Obnubilada por las reformas realizadas durante el gobierno de Velasco y temerosa a lo que consideraban el “terrorismo marxista”, la sociedad mantenía en gran estima a los militares.
Es así que, al unir este oscuro trasfondo histórico con los elementos de suspenso y misterio propios del género del thriller, La pena máxima se consolida como una novela atrapante. Con un protagonista que por momentos puede resultar irritante para un lector contemporáneo conocedor de la historia latinoamericana, la novela presenta un fuerte desarrollo del protagonista, quien comienza la historia desde una posición de obediencia e ingenuidad y va modificando progresivamente su mirada.
El nombre de la novela tampoco es fortuito, Roncagliolo, nuevamente, utiliza al fútbol para realizar un guiño con la historia: en el fútbol, la pena máxima es el penal, una de las sanciones más severas que pueden cobrarse ante una infracción. Lo que le queda al lector interesado en esta novela es descubrir cuál será la pena máxima que deberá enfrentar Chacaltana.
La pena máxima no es la primera aparición del personaje de Chacaltana en la literatura, sino que se sitúa como una precuela de otra novela de Roncagliolo: Abril rojo, publicada en 2006 y ganadora del Premio Alfaguara de ese año. En dicha novela, Chacaltana es ya fiscal y, en el año 2000, regresa a su provincia natal tras la muerte de su madre. Allí se verá nuevamente involucrado en la investigación de una serie de crímenes que, por sus características, parecen tener relación con el ya debilitado grupo terrorista Sendero Luminoso. De esta forma, es posible observar que Roncagliolo retoma en su literatura diversas problemáticas vinculadas con la historia política peruana.
La relación entre ambas novelas permite, además, observar cómo el autor construye diferentes tramas policiales a partir de contextos históricos marcados por la violencia política. Mientras La pena máxima se sitúa en 1978, durante la dictadura militar, Abril rojo transcurre en el año 2000, durante el gobierno de Alberto Fujimori y en un contexto atravesado por las consecuencias del conflicto armado interno y por la violencia ejercida tanto por grupos terroristas como por agentes estatales. En ambas novelas, la investigación de Chacaltana funciona como una forma de acercarse a una realidad política que inicialmente permanece oculta o que el protagonista no logra comprender en su totalidad.
Las denominaciones literarias realizadas por los críticos, como “nueva narrativa argentina” o “la literatura de los hijos”, demuestran que no es necesario haber atravesado la dictadura de manera directa para escribir sobre ella, sino que estos acontecimientos pueden dejar huellas en toda una generación posterior. Sin embargo, en el caso de Roncagliolo, la dictadura sí tuvo un efecto directo sobre su historia personal. Nacido en 1975, el escritor tuvo que abandonar Perú junto con su familia en 1977 debido al contexto político de la dictadura de Morales Bermúdez. Este suceso de su infancia puede pensarse como un germen desde el cual, años después, el autor utilizara para construir una obra interesada en revisar y problematizar la historia peruana a través de la literatura y la ficción.
En este sentido, La pena máxima también puede ponerse en diálogo con otras obras de autores latinoamericanos. En el caso de Chile, por ejemplo, Pedro Lemebel cruza en su escritura la dictadura, la homoesexualidad y una estética neobarroca, mientras que Alejandra Costamagna aborda la dictadura desde una dimensión vinculada con la memoria y la historia familiar. Aunque las propuestas de estos autores son diferentes, en todos estos casos la literatura funciona como un espacio desde el cual es posible recuperar, revisar y resignificar acontecimientos del pasado. Así, la literatura no constituye algo ajeno a la historia, sino que puede convertirse en una forma de volver sobre aquello que una sociedad todavía necesita comprender.
En definitiva, después de todo lo anteriormente desarrollado, ¿por qué los lectores tendrían que leer La pena máxima de Santiago Roncagliolo?
La permanencia de un sistema como la democracia puede llevar a un ciudadano común, especialmente a alguien joven que no vivió periódicos históricos tan oscuros, a pensar que siempre existió de la misma manera. Sin embargo, la historia y la literatura nos muestran que la democracia es un logro que no está exento de posibles futuros ataques. Por eso, tanto las obras mencionadas anteriormente como La pena máxima resultan necesarias para que quienes no vivieron esos acontecimientos puedan revisitar un pasado que todavía tiene consecuencias en la actualidad latinoamericana.
En La pena máxima, a través de la transformación de Chacaltana, es posible observar cómo una persona puede permanecer inicialmente ciega ante la realidad que la rodea y cómo las instituciones pueden actuar en contra de los ciudadanos que deberían proteger. Por eso, el libro de Roncagliolo merece un lugar en la biblioteca de aquellos lectores que quieran acercarse no solo a la literatura de dictaduras, sino también a la literatura peruana y al modo en que la ficción puede recuperar acontecimientos históricos desde el suspenso y el thriller. Leer La pena máxima permite, en definitiva, volver sobre un período oscuro de la historia latinoamericana para preguntarse qué ocurre cuando una sociedad deja de cuestionar aquello que considera establecido y sobre todo para pensar en la siguiente frase: quien no conoce su historia está condenado a repetirla.