Me pregunto si transcurre un solo día sin gastos

Me pregunto si transcurre un solo día sin gastos
Portada del libro Diario del Dinero

Sobre Rosario Bléfari y su Diario del Dinero (y algunos pensamientos más). 

Deudas y cuentas se me aparecen como un sueño, como si al final no importara. Toda esa preocupación eterna por el dinero que me acompañó toda mi vida parece, de pronto, perder peso y lugar. Tal vez si muero ya no importe de verdad. Se encargarán otros, del dinero que se debe, del que me deben, del que podría ganar..., algo de lo que hubiera querido no tener que preocuparme nunca... o algo en lo que me hubiera gustado ser más ¿práctica o afortunada?
Para algunos parece más fácil.

No recuerdo puntualmente cómo es que conocí a Rosario Bléfari. Si escarbo un poco en mi memoria es posible que le atribuya su descubrimiento a una chica que sigo en instagram desde hace años y que un poco fue mi faro en la adquisición de nuevos amores culturales. Por supuesto, lo primero fue ver Silvia Prieto y de ahí me sumergí en todo lo demás. 

Rosario Bléfari nació en 1965 en Mar del Plata y falleció -tras una larga lucha contra el cáncer- en 2020. Rosario fue actriz, cantante, poeta, bailarina, madre, hija, esposa, amante, mujer. En Argentina fue una de las precursoras del indie porteño junto a su banda Suárez, allá por los noventa. En todas sus facetas es mi artista favorita por lejos. Tengo que curarme de hacer comparaciones constantemente; solo a modo de ejemplo he de decir que Rosario es de esas personalidades del tipo Luis Alberto Spinetta. Ambos tenían un sesgo de ternura infinita que al resto de los mortales se nos escapa. 

En una síntesis criminal: Rosario fue artista. Artista en Argentina. 

Argentina tiene la característica de que la economía -tanto bajo la administración de algunos gobiernos que coquetean con el neoliberalismo como con los que no- nunca es estable y mucho menos justa. (¡También yo! Qué ingenuidad el tratar de pedir justicia y coherencia al capitalismo y a los economistas). El caso es que esa economía es muchísimo más injusta cuando se trata del arte y la cultura. Está en el imaginario colectivo el pensar en artistas y remitirse directamente a esos productos creados por la industria, a quienes la plata no les falta, pero la realidad aledaña no es ni por asomo así. Lo cierto es que existe una marginalización del trabajo de los artistas. Tal parece que con el tiempo, por fin, se ha ido instalando la idea de que el arte merece una remuneración -y que del aire no se vive-, pero aún así todavía hay veces en las que hasta dan ganas de pedir perdón cuando pasas tímidamente la gorra o decís por lo bajo el alias donde se pueden realizar aportes. Rosario muestra este lado b de la vida económica de los artistas a través de un diario que escribe desde 1983 hasta 2019. 

Diario del Dinero es un seguimiento de los ingresos y gastos de una artista independiente, autogestiva, monotributista. Cada entrada demuestra la repercusión que ciertas políticas económicas pueden tener en la vida diaria y que a veces no se tienen en cuenta. O al menos quien baja la línea de esas políticas económicas no tiene en cuenta -o a priori no le interesan-. Este diario es el recorrido de toda una vida de una artista que nos ha regalado canciones como No es conveniente (Sué Mon Mont), Río Paraná (Suárez) o Reservado (solista), pero que a la par tiene que arreglarse para comprar yogures más baratos los días de oferta en Carrefour o DIA, hacer una compra del super en cuotas y esperar que la suba del alquiler no sea tan elevada para continuar viviendo en el mismo lugar. 

Un detalle que me parece muy preciado de los diarios es su calidad de archivo histórico, de memoria a consultar. De tal forma que divierte (¡¡y espanta!!) revisar los precios que las cosas y la vida general tenían hace diez, quince, veinte años. Así consigna Rosario su compra semanal: 

Entrada del sábado 25 de abril de 2015: 

Una compra de comida en el DIA pretendo que nos abastezca por una semana. Es una utopía, pero en un momento lo creo posible. Gasto: $330. Parece imposible, pero los precios de DIA no tienen competencia: atún, aceite de oliva, cosas de limpieza, carne para Many, yogures, leche, galletitas, soda, jugos, pan rallado, limón, fideos, zanahorias, papas, mayonesa, manzanas, arvejas y queso de rallar. 

Y en medio de las cuotas, las subas, las deudas y los pagarés: el amor, la familia, los amigos, los hijos, la salud y la enfermedad. En Diario del dinero las cuentas son una excusa que queda desdibujada cuando Rosario, con esa ternura infinita, nos cuenta cosas como las siguientes: 

Viernes 17 de agosto, 2012:

A Nina le encanta la lluvia. Me siento responsable, al menos en parte, porque siempre le mostré que uno se puede mojar y no pasa nada. Y si no te querés mojar te tenés que vestir para evitarlo. La lluvia no detiene nada. Para demostrarlo, en la esquina, los muchachos del taller se hacían su asadito semanal refugiando la parrilla bajo el alero. 

O cuando recordando su condición de siempre lectora y admiradora, muestra su gran humildad al reflexionar sobre un encuentro con las poetas Juana Bignozzi e Irene Gruss en una entrada de noviembre de 2007:

Fue tan evidente que, entre las preocupaciones de esta poeta, que vengo a ser yo, ya grande pero no tanto, estaban el cuerpo y el deseo y para ellas todo eso estaba desplazado o superado y tenían un lugar mejor, despejado, para las grandes cuestiones. Yo todavía sigo enredada en cosas como el deseo de besar y ellas en el de ser arena o en la presencia frente al mundo, la despedida, el lugar en la antología. Me daban un poco de vergüenza mis letras, mis canciones de amor, después de escuchar a estas pensadoras. 

Por último, me quedo con una entrada de febrero de 2007, donde Rosario habla sobre los bancos y la cultura del ahorro: 

"Yo nunca pude ahorrar, nunca tuve ese margen, esa situación, pero tampoco esa perspectiva…"

Tampoco esa perspectiva. Qué bonito. En esta actualidad -que a veces concibo como aterradora- las redes sociales, los medios de comunicación y las publicidades están plagadas de un discurso que incita al dinero solo por el dinero. Tenés que ahorrar, generar negocios, ser el mejor emprendedor de la zona. El dinero como fin. La plata solo por la plata. ¿Y después qué? 

Tampoco esa perspectiva según Rosario y tampoco esa perspectiva según algunos amigos míos. Releyendo ese pasaje me acordé de una situación que me pasó hace poco. A razón de un concurso de poesía acordamos con un amigo un trato. El mismo consistía en que si alguno de los dos ganaba, el ganador debía pagarse unas birras. Es certero que los dos también pensamos en pagar deudas -que nunca no las hay- y saldar la necesidad inmediata. Pero eh, ¡no te olvides de las birras! 

Nunca hay que olvidarse de la birras.